Entrevista a Elena Pokasanieva

Rostros y miradas del mundo

Faces and gazes from around the world
Fragmentos de una conversación con una amiga

Hacía varios años que Elena y yo no nos veíamos y cuando el otro día entré en su taller de pintura, donde tenía desplegados los cuadros que componen esta exposición, me llevé una sorpresa muy agradable al sentirme rodeada por todos esos rostros que me observaban al tiempo que yo los observaba. Creo que esa sensación, la de ser un “observador observado”, es la que podría experimentar cualquiera que se acerque a contemplar esta hermosa exposición.

Hay en los retratos de Elena Pokasanieva muchos ingredientes que la convierten en una pintora brillante y con un gran porvenir.

El uso de los colores, la combinación de técnicas pictóricas, el dominio del dibujo y de la luz y, sobre todo, su capacidad para capturar todos esos instantes en las miradas y rostros de familiares y desconocidos, de transmitir inquietud, serenidad, desafío y toda la amalgama de emociones que los seres humanos somos capaces de experimentar. Y en eso reside su gran valor, que en un mundo destrozado por la guerra y la desigualdad social seamos capaces de reconocernos en la mirada del otro, en la mirada triste y desconcertada del adolescente africano que acaba de llegar a la península tras haber atravesado un infierno de agua y muerte, en la de la niña que nos mira desafiante pues tiene frente a sí un duro porvenir en tanto que mujer, africana y negra, o en la de un anciano vietnamita que nos transmite sabiduría y serenidad y transporta muy lejos de aquí.

Elena, ¿por qué has elegido el retrato de tema étnico?

Quizás porque nací en los Urales, en la ciudad de Ekaterinburgo (antes Sverdlovsk), pero cuando tenía 5 años mi familia se mudó a Uzbekistán, en Asia Central. Mi infancia y parte de la adolescencia transcurrieron en ese país de clima cálido, lleno de luz y color. Las costumbres, las tradiciones y la cocina eran muy distintas en esa ex república soviética de religión musulmana, pero aprendí a convivir con diferentes nacionalidades e hice muchas amigas y amigos.  Este hecho se vivía con absoluta normalidad, aceptando la versatilidad cultural con toda la naturalidad del mundo. Creo que así se formaron los cimientos de la persona cosmopolita en la que me he convertido a lo largo de los años.

Sin embargo, cuando empecé a pintar retratos de personas de diferentes razas, lo hice de una forma inconsciente, no sabía el porqué. Y posiblemente al preparar la exposición, y analizar las obras pintadas, me di cuenta que mi producción de cuadros se centra en el tema étnico. Y es cuando de una forma ya consciente elegí el título de mi exposición “Rostros y miradas del mundo”.

¿Tienes alguna formación académica en pintura?

No, soy totalmente autodidacta, nunca hice ninguna carrera, ningún cursillo, ni tuve un profesor particular. Todo lo que me sale, conseguí de una forma empírica, trabajando y experimentando.

Y, por último, ¿cómo eliges los modelos para los retratos?

Como cualquier otro artista, me siento atraída por personas que he encontrado en mi camino. Me sirvieron de modelos los miembros de mi familia: mis hijos, mi madre, mi marido y mis amigos.  A veces los pintaba en directo, a veces a partir de una foto o bien combinaba ambos métodos. Me gusta mucho fotografiar a la gente durante los viajes y si algún rostro me impacta, luego lo pinto. Y en este caso, mi recuerdo, mi primera emoción de encontrarme con esta persona, se refleja en el retrato.

El retrato es un fiel reflejo de cada época, de la riqueza, la pobreza, el poder, la guerra. Todos nosotros, en tanto que individuos, formamos parte de la sociedad en la que vivimos en cada momento. Y nuestra sociedad de hoy es multicultural, multirracial y cada vez más cosmopolita. Estoy ligada a este tema con lazos muy fuertes y esto precisamente es lo que quería reflejar en mi primera exposición.

Share this post

Escribir y presionar Enter para buscar

Carrito de la compra

No hay productos en el carrito.